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miércoles, 6 de abril de 2011

primeras leyes laborales y sociales






1898=Contra la usura en el credito prendario (ley social)
1902=Alcoholismo (ley laboral)
1906=Habitaciones obreras (ley social)
1907=Descanso dominicial (ley laboral)
1912=Trabajo infantil (ley laboral)
1914=Ley de la silla (ley laboral)
1916=Accidentes del trabajo (ley laboral)
1917= Salas cunas en establecimientos industriales (ley laboral)
1918=Codigo sanitario (ley social y ley laboral)
1920=Intruccion primaria (ley social)
1920=Caja de credito prendario popular (ley social)



Según el Artículo 193 del Código del Trabajo rige en Chile hasta hoy la antigua Ley de la Silla de 1914 y es reconocida como una de las primeras leyes laborales. En ciertos lugares de atención al público debe existir un “número suficiente” de asientos para trabajadores y/o trabajadoras, cuando no estén atendiendo clientes.
En medios nacionales a comienzos de mes aparecieron declaraciones de la diputada Adriana Muñoz, quien hizo la petición por el incumplimiento de los Pronto Copec en Hora de Incidentes y señaló que la hacía extensiva a las grandes tiendas como Falabella, Almacenes Paris y Ripley, ya que dijo que estas empresas tampoco respetan la ley que da derecho al asiento en la jornada laboral.
Señaló la parlamentaria que día a día trabajadores y/o trabajadoras están ocho horas de pie, sin derecho a sentarse, aunque existe esta ley tan antigua “(...) con un propósito tan simple y justo como su nombre".
La parlamentaria indicó que la empresa Copec está en manos de empresarios españoles, por lo que preguntó en forma pública "(...) si en el país ibérico se permitiría una desregulación de derechos tan magnífica, obvia, manifiesta e injusta como la que se hace hoy en nuestro país".
La Ley de la Silla fue la primera ley sobre ergonomía, idea y palabra que no existían en el vocabulario ni en las informaciones de la salud laboral a la fecha 7 de diciembre de 1914, cuando se promulgó en Santiago y, en sus tres artículos disponía que los establecimientos comerciales deberían mantener un número suficiente de asientos para todos sus empleados y/o todas sus empleadas, estableciendo una silla cada tres personas, quienes tendrían derecho a un descanso diario de al menos una hora y media. Las municipalidades quedaron a cargo de hacer cumplir la ley y su infracción fue sancionada con una multa de diez pesos.
Si bien la “ley de la silla” obligaba a los propietarios de establecimientos comerciales a colocar sillas, varios años después de su promulgación seguía siendo un texto puramente teórico y era violada en innumerables casos en jornadas de trabajo de 12 y hasta 14 horas. El argumento del empresariado de la época para violar el derecho era que “la silla enseña a flojo al empleado” y que era mejor para la actividad comercial que los dependientes permanecieran las 12 horas de pie.
También las disposiciones de otras leyes sociales, como la que establecía las condiciones en las que se debía desarrollar el trabajo infantil en fábricas, talleres, comercio y otras empresas, eran sistemáticamente burladas mediante distintas triquiñuelas. Con todo, entre 1906 y 1917 se dictaron un conjunto de disposiciones legales, que pueden ser consideradas como el antecedente inmediato de las leyes laborales de 1924 y el Código Laboral de 1931, como el contrato de trabajo para obreros y obreras; reforma a la ley de accidentes del trabajo; seguro de enfermedad, invalidez y accidentes; conciliación y arbitraje; sindicatos; cooperativas y contrato de trabajo para empleados y empleadas.
En abril de 2004, el entonces diputado Rodolfo Seguel propuso extender la cobertura de Ley de la Silla a trabajadores y/o trabajadoras de hoteles, restoranes, cafés y clubes, ya que contemplaba la situación de descanso en almacenes, tiendas, bazares, bodegas y depósitos de mercadería. El diputado afirmó que su propuesta de actualizar la "ley de la silla" tenía como objetivo que en el país se "tome conciencia" de la necesidad de tiempos de descanso y lugares para descansar en la jornada laboral. Sus argumentos eran para reiterar la necesidad de descanso por 15 minutos cada una hora entre quienes deben permanecer de pie en su labor diaria. "Es necesario hacer una modificación para que los trabajadores y las trabajadoras que desarrollan la actividad de trabajo de pie puedan tener un tiempo y un espacio para sentarse y descansar", declaró en la época.
La réplica entre empresarios no se hizo esperar y mostrando que no han cambiado sus puntos de vista, en un medio digital empresarial en octubre de 2004 señalaba en su reseña legislativa que la Ley de la Silla “(...) constituye un despropósito, que consiste en rebajar en dos horas la jornada diaria de trabajo, y con la obligación de permanecer en el lugar donde se prestan los servicios” [1] .
En poco menos de cien años, el mercado laboral se ha vuelto más complejo y aparecen nuevos temas en las relaciones entre quienes emplean y quienes trabajan siendo más difíciles de resolver, sobre todo porque esas relaciones son difusas y con reglamentaciones que no se cumplen, porque los puntos de vista nunca fueron tan diametralmente contradictorios como actualmente.
Entre los ámbitos relevantes de la vida está el empleo como inserción en la sociedad y se relaciona con la dignidad y la condición humanas. Se trata de un principio fundamental en el desarrollo de las personas que hace posible desarrollar capacidades individuales en contextos colectivos, transformando a las personas y al mundo. Puesto que el trabajo es una necesidad, también es un derecho y la legislación laboral es una herencia cultural y un recurso social a la cual todos los trabajadores y todas las trabajadoras deben tener acceso y ponerla a su disposición.
Los cambios en la economía mundial han afectado las condiciones del mercado laboral y es clara la tendencia a la precarización del empleo y a la vulnerabilidad de la condición de los trabajadores y las trabajadoras, sin embargo el conocimiento de los derechos y responsabilidades de trabajadores y trabajadoras es una herramienta fundamental para defender y exigir el cumplimiento de las leyes.
Los desafíos a la organización sindical exigen una gran cuota de disposición a formarse en derechos y con creatividad sortearlos frente a la postura de empleadores respecto de los derechos laborales, sin olvidar que también hacen parte de los problemas en el país el trabajo subcontratado, el de inmigrantes, el acoso sexual, el terrorismo psicológico laboral, los derechos laborales de las minorías, masificación del trabajo informal y del teletrabajo, entre otros temas.
Siempre es bueno, de vez en cuando, mirar atrás para ver lo que se ha conseguido, sobre todo para sopesar cuánto nos falta por poner al día.




problemas politicos a comienzos del siglo xx

Finalizando el siglo XIX y hasta la segunda década del siglo XX, Chile se encontraba organizado políticamente bajo un régimen parlamentario, esto quiere decir que el Presidente de la República tenía un poder disminuido frente al Congreso, el cual removía a los ministros a su antojo entre otras facultades.
Todo esto redundaba en la inoperancia del Estado para aplicar y mantener políticas de mediano y largo plazo. Aunque más bien se trataba de un juego de intereses por parte de la oligarquía que estaba en el poder.
En cuanto a la economía, el principal recurso que explotaba nuestro país era el salitre cuyos yacimientos se encuentran en los territorios del norte, obtenidos producto de la guerra del Pacífico y que significaba una fuerte entrada
 de dinero a Chile por concepto de impuestos aduaneros.
Por su parte, la agricultura seguía funcionando sin grandes transformaciones desde la colonia, o sea con pocos o casi nulos avances tecnológicos y mejoras sociales. En cuanto a la industria, esta estaba dando importantes avances en la mecanización de ciertos productos de acero como también de alimentos.
Por otro lado, una de las grandes transformaciones que se fueron suscitando a comienzos del siglo XX se observó en el ámbito social.
Se aprecia un fuerte crecimiento de los sectores medios donde se verán representados comerciantes, profesionales y militares. Sin embargo, también se aprecian fuertes desigualdades hacia los sectores populares, quienes no obtenían beneficios de la bonanza del salitre; por el contrario, sus condiciones de vida fueron empeorando cada vez más.
Esto provocó, por un lado, que los obreros industriales y mineros se organizaran en sindicatos y otras organizaciones para exigir con mayor fuerza sus demandas, y, por otro, se produjeron una serie de movilizaciones, huelgas y protestas que culminaron en muchos casos con derramamiento de sangre.

A eso se suma una fuerte migración hacia las ciudades, las que no contaban con la infraestructura para albergar grandes cantidades de personas generando hacinamiento e insalubridad.
Otro punto importante de mencionar es la modernización de los servicios urbanos, producida por el afán de progreso y crecimiento de las ciudades y reflejada, fundamentalmente, en la construcción de centrales hidroeléctricas que permitieron la instalación de nuevo alumbrado público y tranvías.














Finalizando el siglo XIX y hasta la segunda década del siglo XX, Chile se encontraba organizado políticamente bajo un régimen parlamentario, esto quiere decir que el Presidente de la República tenía un poder disminuido frente al Congreso, el cual removía a los ministros a su antojo entre otras facultades.
Todo esto redundaba en la inoperancia del Estado para aplicar y mantener políticas de mediano y largo plazo. Aunque más bien se trataba de un juego de intereses por parte de la oligarquía que estaba en el poder.
En cuanto a la economía, el principal recurso que explotaba nuestro país era el salitre cuyos yacimientos se encuentran en los territorios del norte, obtenidos producto de la guerra del Pacífico y que significaba una fuerte entrada de dinero a Chile por concepto de impuestos aduaneros.
Por su parte, la agricultura seguía funcionando sin grandes transformaciones desde la colonia, o sea con pocos o casi nulos avances tecnológicos y mejoras sociales. En cuanto a la industria, esta estaba dando importantes avances en la mecanización de ciertos productos de acero como también de alimentos.
Por otro lado, una de las grandes transformaciones que se fueron suscitando a comienzos del siglo XX se observó en el ámbito social.
Se aprecia un fuerte crecimiento de los sectores medios donde se verán representados comerciantes, profesionales y militares. Sin embargo, también se aprecian fuertes desigualdades hacia los sectores populares, quienes no obtenían beneficios de la bonanza del salitre; por el contrario, sus condiciones de vida fueron empeorando cada vez más.
Esto provocó, por un lado, que los obreros industriales y mineros se organizaran en sindicatos y otras organizaciones para exigir con mayor fuerza sus demandas, y, por otro, se produjeron una serie de movilizaciones, huelgas y protestas que culminaron en muchos casos con derramamiento de sangre.




A eso se suma una fuerte migración hacia las ciudades, las que no contaban con la infraestructura para albergar grandes cantidades de personas generando hacinamiento e insalubridad.
 Otro punto importante de mencionar es la modernización de los servicios urbanos,producida por el afán de progreso y crecimiento de las ciudades y reflejada, fundamentalmente, en la construcción de centrales hidroeléctricas que permitieron la instalación de nuevo alumbrado público y tranvías.







problemas economicos y sociales que afectaron el pais a comienzos del siglo xx





El surgimiento de los barrios marginales

Durante el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX, Chile experimentó un fenómeno migratorio hacia los centros urbanos. Sus causas estuvieron relacionadas con factores macroeconómicos. En primer lugar, los cambios que a partir de 1850 comenzó a experimentar el sistema primario exportador, basado en la producción de trigo y plata. En segundo lugar, se inició un sostenido crecimiento minero en función de nuevas actividades, fundamentalmente el salitre y el cobre, en detrimento de los productos señalados. Para la explotación del salitre, la población empezó a concentrarse en pequeños núcleos urbanos del norte grande: las oficinas salitreras. Además, aumentaron los habitantes en los puertos de salida del mineral. En el caso de la agricultura, los grandes propietarios del valle central iniciaron un proceso de expansión y modernización, para cultivar sus tierras a costa de los pequeños y medianos productores, que fueron expulsados o empeoraron sus ya precarias condiciones de vida.

Ambos fenómenos de transformación económica, provocaron un crecimiento de la inversión extranjera y nacional, permitiendo que el aumento de la acumulación de capital expandiera el mercado interno. De esta forma, el Estado incrementó su tamaño y funciones y, a principios del siglo XX, el país inició un proceso de industrialización en algunas provincias. La acumulación capitalista, sin embargo, se concentró sólo en los grandes centros urbanos -fundamentalmente Santiago-, por lo que éstos fueron creciendo a una tasa más elevada que el resto del país. Fue así como su demanda por mano de obra calificada para nuevos servicios, los transformó en polo de atracción laboral en actividades tales como la construcción de obras públicas, el servicio doméstico, el empleo público y el servicio militar.

Este fenómeno, asociado al surgimiento de economías de escala, fomentó un aumento de la especialización productiva, que muchos migrantes apreciaron como una gran oportunidad laboral.

Se desarrolló así una migración heterogénea y fluctuante, en la que las ciudades de pequeño o mediano tamaño fueron escala necesaria para los desplazamientos. Esto provocó, sobre todo en la capital del país, un fenómeno de sobrepoblación y saturación de la infraestructura urbana, surgiendo el problema del acceso a viviendas dignas.

Buscando remediar este problema, en 1939, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda creó la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), base de un programa estatal de industrialización para la sustitución de importaciones. No obstante, el costo político de la creación de CORFO fue mantener inmutable la legislación sindical en el agro, por lo que las condiciones de vida de los campesinos, el principal grupo atraído por la migración, continuaron tan desmejoradas como en el pasado. Además, las motivaciones de este sector social no eran una cuestión fácil de determinar. En efecto, muchos emigraron por falta de trabajo o poca capacitación laboral; mientras otros, por una búsqueda de ascenso social, y para asimilar los valores urbanos. En consecuencia, la migración campo ciudad se mantuvo en ascenso durante la década de 1950, provocando en la capital las primeras tomas ilegales de terreno, origen a su vez de los barrios marginales.

el movimiento popular en el siglo XX

El movimiento social en Chile, durante el siglo XX, estuvo directamente relacionado con las luchas y reivindicaciones de la masa trabajadora por mejores condiciones de vida y trabajo, y fue a partir de estas luchas que se constituyó en un actor de la vida política con una identidad ideológica definida.

En Chile, a fines del siglo XIX, se vivió un período de prosperidad económica que se prolongó hasta la década de 1920, pero que no logró mitigar la situación de pobreza que afectaba a parte importante de la población.

Las primeras manifestaciones del nuevo movimiento social, surgieron en los centros mineros, puertos y ciudades, siendo los artesanos y obreros sus protagonistas y las mutuales, sus organizaciones. Luego, con la transformación de las mutuales en mancomunales o sociedades de resistencia, el surgimiento de partidos políticos obreros y la aparición de líderes sindicales, se inició una etapa caracterizada por un mayor contenido ideológico que radicalizó los postulados del movimiento.

En 1910, ya había más de 400 organizaciones mutualistas y un número creciente de sindicatos de trabajadores de la metalurgia, de empleados ferroviarios y tipógrafos, entre otros. La celebración del 1 de mayo (día mundial del trabajador) fue, año a año, creciendo en convocatoria popular, para llegar a reunir, en 1907, a más de 30 mil personas en las calles de Santiago.

Entre 1902 y 1908, hubo alrededor de doscientas huelgas y la falta de respuestas positivas por parte de las autoridades, provocó una escalada de movilizaciones sociales. La huelga portuaria de Valparaíso, en 1903, la huelga de la carne, en Santiago, el año 1905, y lamasacre de la escuela Santa María de Iquique, en 1907, son ejemplos de las primeras gestas reivindicativas del movimiento social chileno. En ellas hubo participación no sólo de obreros y artesanos, sino también de sus mujeres e hijos. Sin embargo, la masacre producida en Iquique frenó esta ola de huelgas.

En 1909, se fundó la Federación Obrera de Chile (FOCH) y en 1912, nació el Partido Obrero Socialista (POS), liderado por Luis Emilio Recabarren, con lo que el movimiento social adquirió mayor consistencia ideológica.

Las primeras reivindicaciones logradas por el movimiento social fueron: el derecho al descanso dominical, mejoras en las viviendas obreras y la Ley de Accidentes del Trabajo. Más tarde, el alto costo de la vida motivó la organización de la Asamblea Obrera de la Alimentación que convocó a las marchas del hambre en Santiago, en los años 1918 y 1919.

Después de 1917, los sindicatos obreros gozaron de un rápido crecimiento, registrándose unas ciento treinta huelgas entre 1917 y 1920, a lo largo de todo Chile. En la región de Magallanes se produjo una gran huelga y los estudiantes universitarios, a través de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), asumieron un rol activo, desde 1920, en las luchas reivindicativas de la clase trabajadora. Por esos años, también comienza la incorporación del campesinado en el movimiento social chileno, que llegó en la década de 1930 a sus años de esplendor.

el salitre

El salitre constituyó uno de los principales ingresos para Chile, teniendo su época de gloria en los últimos 50 años del siglo pasado y los primeros 25 años del presente.

El impulso salitrero fue dado por el alemán Tadeo Haenke en 1809, con la invención de un procedimiento para extraer el salitre potásico desde el caliche. Cercano al 1830, el salitre tuvo un gran auge debido a la gran demanda de Europa para ser utilizado como abono y al empleo del vapor de agua para lixiviar. En los años 1872 – 1876 ya existían más de 55 oficinas salitreras, las cuales estaban principalmente en manos de peruanos y chilenos.

En este trabajo los interiorizaremos en la historia , auge y importacia del salitre en Chile.







HISTORIA DEL SALITRE EN CHILE


Explotado desde tiempos inmemoriales por los pueblos precolombinos de la zona y empleado por los españoles en la fabricación de la pólvora, el salitre comenzó a exportarse a Europa con fines industriales y agrícolas hacia 1830.


En sus comienzos el único centro productor de salitre fue Tarapacá y casi todos los embarques se verificaban directamente por Pisagua Vieja y por el puerto de Iquique, a la sazón caserío de unos 1.000 habitantes.


Hacia 1872 la Compañía Chilena de Consignaciones, el Banco de Edwards y cuatro casas mas de Valparaíso habían prestado a los industriales salitreros de Tarapacá mas de $4.000.000. Los brazos que los trabajaban eran casi en su totalidad chilenos hasta el punto de que al estallar la guerra de 1.879 sumaban mas de ochenta por ciento. En 1.870-72 existían 18 oficinas modernas.